Hace días conocí a un hombre: Austreberto García,
un hombre de 49 años, delgado, no muy alto con un bigote muy particular. El día
del encuentro vestía pantalón de mezclilla, playera blanca y una mirada que
denotaba sencillez. La hora de la verdad había llegado. Debía entrevistarlo
pero al entrar a su casa, fue como si un mundo surrealista me estuviera
esperando.
Personajes de la historia yacían sentados en diferentes posturas esperando por mí, de
verdad era como si unos cuantos hongos alucinógenos hicieran efecto en mi
cerebro. Austreberto pasaba horas enteras construyendo este mágico mundo de
seres de tamaño real que sólo conocemos por la historia que nos cuentan, pero
él va mucho más allá.
¿Qué sucede con este hombre? ¡¿Se ha vuelto loco?!
¡Tiene a Adolf Hitler y a Juan Pablo segundo en una misma habitación!
Ambos
comparten espacio con Francisco Villa y uno que otro guerrero de aquellos
tiempos que no volverán. Y a mi cabeza, inmediatamente viene la pregunta ¿Qué
lo inspira? Es aquí cuando me doy cuenta de que el hombre y su historia son su
principal fuente de inspiración, esa inspiración que desde que tenía 10 años
llegó. El hombre y su necesidad de
trascendencia, como si trascender fuera lo más importante para él. Austreberto está
aquí y parece que nadie lo ve. Austreberto es el artista plástico más
impresionante que he conocido.
Por: Fabiola Zavala Estrada






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